Graciela Ramat – Granja Oscar Moser
Trabajo en la granja junto a mi esposo. Vivimos los dos aquí, ya que nuestros tres hijos son mayores y cada uno está recorriendo su propio camino, aunque siguen siendo parte importante de nuestras vidas.
Llevo más de 30 años dedicada al trabajo agrícola. Comencé cuando me casé. En aquel entonces, mi esposo ya se dedicaba a la crianza de pollos, yo me sumé luego. Y desde entonces nunca abandoné. Hace más de 21 años que también estoy involucrada en la producción con Las Camelias.
En la granja, realizo prácticamente todas las tareas. Salvo la parte de la entrada, el aserrín y la limpieza -para lo cual contrato servicios-. El resto lo hago yo sola: desde el armado, pasando por el manejo diario de los animales, hasta el momento en que se van los pollos. Todo el proceso está en mis manos.
Uno de los desafíos más grandes que enfrento desde que empecé con la crianza de pollos es el estado de los caminos. Estamos a unos 15 kilómetros de Villa San Marcial, y el acceso desde la Ruta 20 es complicado. El camino, que ya era de tierra, está cada vez peor por la falta de mantenimiento y de material. Hoy, por ejemplo, bajamos pollitos y el camión casi se queda encajado en el barro. Tuvimos que tener el tractor listo por si hacía falta sacarlo. Esta situación es constante, y también afecta cuando llega el alimento. Por suerte, contamos con la muy buena predisposición de la Fábrica de Alimentos, que siempre está dispuesta a adelantar los envíos si se pronostican lluvias. Así podemos estar preparados, tener el alimento ya en la granja y evitar complicaciones.
Otro desafío permanente es el propio trabajo de la cría de pollos: hay que estar siempre presente en la granja, sobre todo en épocas de tormentas. A veces de noche, si se viene mal tiempo, hay que salir a levantar cortinas o a controlar que todo esté en orden. Son cosas a las que siempre hay que estar atento.
A nivel personal, este trabajo no me afecta porque ya estoy acostumbrada. Llevo muchos años haciéndolo y aprendí a organizarme. Primero atiendo las tareas de la granja y luego, al regresar a casa, me ocupo de los quehaceres del hogar. Me manejo así desde siempre y me resulta natural.
Anhelo seguir trabajando de esto porque me gusta. Mientras tenga salud, lo seguiré haciendo. Me siento muy a gusto trabajando con Las Camelias, por su calidez humana y la predisposición que tienen para todo. Ya sea desde la oficina, los supervisores o el área de alimentación, siempre recibimos un trato familiar y profesional, lo que hace que el trabajo se realice con gusto y seguridad. Estoy muy agradecida por eso.







