Inicio / Integración / “La avicultura se convirtió en una verdadera pasión para mí”

“La avicultura se convirtió en una verdadera pasión para mí”

Cintia Verónica Uhrig – Granja Roque Mario Ferre

Mi vínculo con la granja comenzó hace 5 años, desde afuera. Teníamos un bebé recién nacido y, mientras mi compañero Roque trabajaba en el galpón, yo observaba todo desde lejos. Me acercaba, regulaba las lonas cuando él no estaba, y poco a poco empecé a involucrarme. A los seis meses le pedí que me enseñara todo sobre la crianza de pollos. Así fue como comencé a trabajar dentro del galpón, aprendiendo paso a paso.

Hoy, la avicultura se ha convertido en una verdadera pasión para mí. Cada crianza me permite incorporar nuevos conocimientos. Siempre estamos aprendiendo, creciendo, enfrentando desafíos y superándonos. Y en lo personal, también me transformó. Me fortaleció, me enseñó a confiar en mis capacidades y a mirar hacia adelante.

Mi familia está compuesta por siete integrantes, seis vivimos en el campo: Roque, mi compañero de vida y de trabajo; Abi, Camila, Jeremías, Mateo y Franco. Somos una familia ensamblada y Mateo es nuestro pequeño en común. Juntos formamos un gran equipo.
En la granja me ocupo de todos los trabajos diarios: armar las madres, bajar el pollito, dar alargues, pasar el removedor, cuidar al pollo desde su llegada hasta su despedida.
Roque se encarga de emparejar el galpón, preparar el aserrín y mantener el predio, desmalezando y arreglando el circuito de los galpones. Todo lo hacemos en conjunto, siempre en equipo.

Uno de los mayores desafíos que enfrenté fue cuando, hace más de un año, Roque tuvo que ser operado y guardar reposo por mucho tiempo. Si bien ya sabía cómo manejar la crianza, fue la primera vez que llevé adelante todo el proceso sola, desde el inicio hasta el final. Siempre habíamos trabajado juntos, y él era mi apoyo en todo. Pero ese momento me puso a prueba y lo superé con determinación. Hoy, por su cirugía, ya no puede realizar tareas dentro del galpón, así que yo me ocupo completamente de ese trabajo.

Encontrar equilibrio entre las tareas de la granja y la vida familiar no siempre es fácil, pero no es imposible. Las crianzas demandan mucho tiempo, así que buscamos momentos específicos para ocuparnos del resto de las actividades del campo. Roque, por ejemplo, se encarga de recorrer y alimentar las vacas todos los días, lo que me permite concentrarme en los galpones. Nos organizamos y entre todos hacemos que el día a día sea más fluido.

Uno de mis mayores sueños era reacondicionar y ampliar nuestros galpones, que con el paso del tiempo se habían deteriorado. En noviembre del año pasado empezamos con este gran proyecto. Hoy ya tenemos un galpón funcionando con 170 metros, zócalo de cemento, lonas nuevas y cielorraso de poliuretano. Antes teníamos galpones de 120 metros con capacidad para 32.000 pollos. Ahora, con esta ampliación, alcanzamos los 50.000. ¡Y todavía falta terminar el segundo! Estoy feliz de ver cómo ese sueño se hace realidad.

A nivel personal, mi meta es seguir aprendiendo, creciendo como granjera y disfrutando cada paso. Me apasiona lo que hago y creo firmemente en que debemos trabajar en lo que nos hace felices. Eso es lo que marca la diferencia: hacer las cosas con ganas, no por obligación, sino por pasión.