Por Lic. Juan Carlos De Pablo
La elección de medio período, que tendrá lugar el próximo 26 de octubre, significa mucho más que la renovación de la mitad de los miembros de la Cámara de Diputados, y la tercera parte de los del Senado de la Nación.
Hagamos un poco de historia. Hasta la reforma constitucional de 1994, el mandato presidencial era de 6 años y por consiguiente había dos elecciones intermedias. Alfonsín ganó la primera, perdió la segunda y “pato rengo” en los últimos 2 años de mandato. Menem ganó las dos intermedias de su primer mandato, reformó la Constitución y empató la intermedia de su segundo período. De la Rúa perdió la intermedia y al mes estaba fuera del gobierno. Macri ganó la intermedia, pero la economía “se le vino encima” en 2018 y no fue reelecto. Y Fernández perdió la intermedia y “pato rengo” en el último par de años de su presidencia.
El cierre de las listas de candidatos se producirá a mediados de agosto. Mientras tanto, un par de elecciones locales, la de CABA y la de la Provincia de Buenos Aires, se “nacionalizaron”. En la primera, el oficialismo le ganó al peronismo por 2,5 puntos porcentuales, en la segunda veremos (el 19 de julio se producirá el cierre de las listas de candidatos locales). Sobre el probable resultado del 26 de octubre, Rosendo Fraga dice que aunque a Milei le vaya mal, aumentará el número de legisladores propios porque, como forma parte de un partido nuevo, no renueva autoridades. En tanto que Carlos Ruckauf sostiene que, aunque a Milei le vaya bien, no alcanzará mayoría absoluta en alguna de las dos Cámaras, lo cual le obligará a seguir negociando, como lo viene haciendo desde el 10 de diciembre de 2023.
La política económica, en esencia, es equilibrio fiscal más Federico Sturzenegger; y ninguna de estas cosas se va a modificar como consecuencia del resultado electoral. Esta tiene que ser la clave en base a la cual se adoptan las decisiones.
Quien hoy, tanto en el plano financiero como en el real, condiciona sus decisiones de compra de títulos o de bienes durables al resultado de las elecciones, o tiene restricciones estatutarias o busca pretextos. Lo cual implica que, si “esto sale bien”, habrá perdido mucho dinero. Lo cual probablemente no le importe, porque no está haciendo negocios sino cuidándose las espaldas.





